Cuando alguien dice «Soy ilustrador freelance y trabajo desde casa» todo el mundo piensa en algo idílico: levantarte cuando quieras, trabajar en pijama o desde la cama, parar cuando quieras, llevártelo allá a donde vayas, elegir los proyectos en los que quieres trabajar, etc…
Pero los que realmente trabajamos desde casa sabemos que eso no es ni mucho menos así: Debes obligarte tú mismo a levantarte aunque sabes que estrictamente no llegas tarde a ningún sitio. Si te quedas en pijama corres el riesgo de que hayan pasado tres días y no recuerdes cuándo fue la última vez que te duchaste o hablaste con alguien. Si eres una persona dispersa vas a dejar para lo último sentarte a trabajar, hasta te liarás a fregar los platos o te perderás en el basto mundo de las redes sociales antes de ponerte a trabajar y se te habrá pasado la mañana sin darte cuenta. El no tener un horario laboral claro hace que no sepamos diferenciar los momentos de trabajo con los demás y eso provoca que cuando trabajamos no rindamos mucho y cuando no trabajamos nos sintamos culpables de no estar haciéndolo, y esto nos hace muy difícil lo de desconectar. Y por último, eso de elegir los proyectos en los que quieres trabajar… más bien la realidad es que te matas y haces todo lo posible por conseguir que alguien te encargue algo, lo que sea, para poder sobrevivir y comer el mes siguiente, sobre todo al principio.
